“Ven por un libro, es sobre La Tota“, me dijo don Blas Barajas recién se editó “Cinco Copas ¡Carbajal!“, escrito por él.
No solo fui por el ejemplar a su tienda, me enriquecí con ese par de horas que estuve dialogando con don Blas. “Dialogar” es un decir, porque estando con él lo mejor que podíamos hacer era quedarnos callados y escucharlo atentamente.
Siempre resultó genial viajar a través de esa enciclopedia deportiva que tenía en su mente y que con suma amabilidad la compartía.
Fueron impresionantes sus relatos y la exactitud de los mismos. Todavía más impresionante la lucidez con la que don Blas platicaba los hechos que habían pasado muchos años atrás.

Su libro sobre don Toño Carbajal es genial, sencillo y a la vez exquisito, te comes una palabra y no paras de comer hoja tras hoja.
Pasión por el deporte
Don Blas fue prácticamente autodidacta y ejerció el periodismo como si tuviera un doctorado hecho de la pasión que tenía para contar las hazañas.
Llegó de Dolores Hidalgo a León a sus 17 años. Echó raíces en nuestra ciudad formando una bonita familia leonesa. Comparto con sus hijos José Blas, Lupita, Jorge y Roberto las bases de una educación franciscana al haber estudiado en la misma institución.

El estimado y querido decano se entregó por completo al deporte, relatándolo y fomentándolo. Creó la Carrera de los Barrios que muchos hemos corrido. De los 10 kilómetros la hizo crecer hasta un medio maratón junto con otros apasionados personajes de León.
Le preguntabas sobre el León, te relataba. Datos sobre el Unión de Curtidores, te los decía. Y también sabía sobre el San Sebastián.
En uno de los múltiples reconocimientos que recibió, don Blas manifestó que antes todo se hacía por gusto, por ganar un trofeo que significaba mucho y que lo era todo. La gloria sin dinero de por medio.
Siempre abierto
Desde joven y ya con suma experiencia, su forma de entrevistar siempre fue la misma y era espectacular. Postura recta y mirada fija poniendo todo su ser en atención al entrevistado. Hombro a hombro, no había un centímetro de separación. Era su momento, él y el jugador, nadie más a pesar de la afición que se acercaba en torno a ellos.
Por eso, todos los deportistas reaccionaron tristes con su partida. En especial los futbolistas que le quisieron como al amigo cercano y le respetaron como a una eminencia.

Como hijo del “Gato” Lugo estuve repetidamente en el vestidor del Curtidores. Me resultaba curioso que cuando se acercaban periodistas como don Blas y otros contemporáneos a él como Ezquerra, Vivero y Velázquez, se les abría la puerta sin chistar, podían convivir con los jugadores y en ocasiones hasta escuchar la charla técnica como si fueran parte del equipo.
Y aún con esos privilegios, respetaron la privacidad como si el olor del vestidor fuera sagrado, pero a la vez, nunca perdieron la objetividad, se mostraron firmes al criticar y elogiaban sin exceso.
Así fue don Blas Barajas, un ser lleno de cortesía, historia y pasión. Descanse en paz.
