El Clausura 2012 es un torneo que los aficionados panzas verdes recuerdan con cariño y nostalgia, como uno de los más significativos en la historia del Club León.
Sin embargo, el camino no fue fácil y hubo un punto de quiebre importante, cuando los “fantasmas” parecían hacer de las suyas por enésima ocasión, pero el amor y el compromiso de aquel plantel sacó un rugido sonoro e imponente que hizo resurgir a la Fiera de las cenizas en menos de 45 minutos.
Un inicio inmejorable
Los pupilos de Gustavo Matosas llegaron a la final del torneo regular como amplios favoritos ante los Lobos BUAP y en los primeros minutos de la serie todo parecía ir acorde a la lógica.
Aquel miércoles dos de mayo de 2012, León abrió la pizarra cuando Luis Nieves coronó el esfuerzo de Luis Delgado—quien salió avante de una marca de hasta tres hombres en el medio sector— con un golazo pegado a la horquilla derecha.

Eran apenas ocho minutos de partido y todo parecía ser un cuento de hadas para los esmeraldas en el campo poblano.
La debacle esmeralda en Puebla
Pero Jair García, el ‘9’ de los Lobos, se echó al equipo al hombro para comandar una remontada imponente con un triplete en la misma primera mitad del cotejo.
Empató el partido desde los once pasos venciendo sin problemas a Melitón Hernández, para luego darle la vuelta al cotejo con un testarazo en el manchón penal tras un preciso centro por la izquierda.

León estaba aturdido y Nacho González prácticamente le regaló la pelota a García en el área chica, para que éste pusiera a bailar las redes en la media hora cumplida del partido.
Era la voltereta de la “Manada”: 3-1 y en cuestión de 11 minutos, la gloria pasó a convertirse en tristeza, frustración e impotencia. Los fantasmas, aquellos que se hicieron presentes en Irapuato, Querétaro, Ciudad Juárez, Aguascalientes y en la misma ciudad de León, llegaron a incrementar el pesimismo e incertidumbre.

El aficionado del León se cubría la cara con las manos. No lo podía creer. Parecía que estarían condenados a ese bucle infinito de sufrimiento del infierno cuando más se estaba cerca del paraíso.
Resurgir de las cenizas
Un León golpeado es doblemente peligroso y para la segunda mitad eso se comprobó con una reacción para la historia en medio de una tarde bochornosa en la Angelópolis.
El estadio abarrotado no fue obstáculo para la Fiera de Gustavo Matosas que reaccionó en los botines del goleador Nelson Sebastián Maz, quien tras una pequeña carambola en el área chica, empujó el esférico al fondo apenas a los dos minutos del complemento.

La Fiera afiló las garras y con un rugido ensordecedor, emparejó las acciones a los 60 minutos gracias a la media vuelta de Luis Montes, quien firmó un golazo con inmensa técnica en la definición.
El izquierdazo fue imponente al segundo poste en la media luna para consumar un regreso esmeralda que, tres días después, coronaron con una goleada 4-0 en la Vuelta y un 7-3 global.
El punto de quiebre en el Ascenso
“Iba por la victoria, pero reconozco la calidad del rival y la dificultad que nos generó. Lo que realmente necesitamos para la vuelta es hacer los goles”, sentenció Matosas al final del cotejo.
Al León lo dejó vivo el Lobo y ese fue el principal punto de quiebre para terminar con 10 años de infierno en el Ascenso.

¿Por qué? Porque esta reacción esfumó los fantasmas que tanto asediaron al Club León en su paso por la Liga de Plata. Porque esta plantilla, liderada por Matosas, demostró coraje y corazón cuando más se necesitó. ,
El carácter relució y la calidad sobresalió. Esta reacción en Puebla logró algo que otros equipos, sin restarles mérito, carecieron en épocas pasadas: confianza…una confianza en creer que la malaria por fin llegaría a su fin…y así fue.
La esperanza jamás se esfumó y al final la Fiera regresó del abismo para triunfar en el paraíso en dos ocasiones con el histórico Bicampeonato.

