En la primavera del 2014, en pleno preámbulo de la vigésima edición de la Copa del Mundo, un grupo de ocho mexicanos y tres extranjeros conquistaron Brasil.
Sesenta y tres años, ocho meses y veintiún días después del mítico Maracanazo que se registró el 16 de julio de 1950, ese cúmulo de futbolistas, intensos y enfierados por naturaleza, acudió al Estadio de Maracaná para consumar una hazaña muy pocas veces vista en el balompié latinoamericano.
Con el león impreso en el pecho, el Club León afiló las garras y emprendió una historia que se escribió con letras de oro en el torneo más prestigioso de Sudamérica: la Copa Libertadores.

Era la quincuagésima edición del certamen y Flamengo, con más de 100 años de historia, recibía a la Fiera que, por segunda vez en su historia, formó parte de él. Ambos forjaron la edificación del Grupo 7 y, en aquel atardecer del miércoles 9 de abril, cerraron la fase grupal con marcados contrastes.
Los verdes, dirigidos por Gustavo Matosas, ya estaban clasificados a la siguiente ronda como segundo lugar gracias a 10 puntos; los brasileños, asediados por la obligación de trascender en cada certamen, llegaban con cierto dolo al apenas sumar siete unidades y estar a solo un juego de consumar su eliminación en la primera fase.

Aquellos factores fueron suficientes para que la tensión impregnara de lleno en las tribunas y terreno de juego. Por eso, una vez resonado el silbatazo inicial, las acciones se cerraron y se reflejaron en las estadísticas.
Llegado el minuto 21, León tuvo un tiro libre por la banda izquierda. Luis Montes y Elías Hernández, con pupila muy clavada en el esférico, se perfilaron para cobrar la falta.
Con 50 por ciento de posesión por cada bando, Elías sacó una comba cerrada que, dentro del área chica, pescó Franco Arizala, quien, de espaldas, movió las redes con un testarazo que venció sin contratiempos al arquero rival.

Flamengo respondió con el empate al 29’, pero dos minutos después, al 31’, Montes comenzó con la gambeta en tres cuartos de cancha, se desprendió de la marca y abrió por la izquierda con Hernández, quien recortó hacia dentro, amagó una vez y sacó un venenoso centro a segundo palo.
Allí, entre dos defensores, Mauro Boselli, goleador de corazón, se alzó cuan largo es para tocar la pelota, mandarla al travesaño, hacer que botara dentro de la línea de cal y celebrar por la segunda anotación del juego.

Pero el juego se convirtió en un toma y daca. Después de un sprint por izquierda, Alecsandro, desmarcándose de la zona de Ignacio González, trastabilló para cazar la pelota con el botín derecho y firmar el empate, a dos goles, al 34’.
Así, el juego transcurrió. La tensión imperó y el nerviosismo aumentó. Flamengo y León, dos equipos históricos en sus respectivos países, lucharon a capa y espada para romper el empate.

Aquello no llegó sino hasta los 85 minutos de juego. ‘Gullit’ Peña, con su larga melena, controló con la pierna izquierda una mala salida del rival. Arrastró unos metros y después, en cortito, tocó con la derecha hacia Elías, quien estaba recostado sobre el mismo sector.
Este último dejó entrar la pelota ante la fallida barrida de un defensor. Controló de derecha y, casi de primera intención, sacó un centro rasante que, a segundo palo y sin pensarlo, Peña tocó con un sólido izquierdazo que movió las redes y consumó la hazaña final.
León, un club que hace dos años estaba en la Segunda División de México derrotó, 3 a 2, en su propia casa, en el Estadio de Maracaná, al Flamengo, y lo eliminó en la primera fase de la Copa Libertadores.
¿Cómo recuerdas el Fieracanazo?

