León.- León es campeón del fútbol mexicano. Y fue la octava que sabe a gloria. El justo premio a un equipo que ha dominado la liga en los últimos dos años.

No fue la final más brillante, pero a nadie aquí en León le importa. Se había jugado bonito antes, y no se había conseguido nada.

El gol de Gigliotti -aprovechando la falla de Talavera- vino a dar la tranquilidad que se requiere en este tipo de compromisos. Y aunque la baja de Mena fue sensible, la polifuncionalidad del “Avión” y el ingreso de Campbell, hicieron que la ausencia del ecuatoriano no pesara tanto.

Seguro, canchero, y mostrando colmillo, el León fue dueño de las acciones en la primera mitad, ante unos Pumas que ni siquiera con la entrada de Iturbe pudieron componer.

Cerrado, tenso, y con pocas acciones ante los marcos, la segunda parte transcurrió en medio del nerviosismo de ambas escuadras. Los Verdes decidieron renunciar al ataque e intentaron controlar las acciones en el medio campo, jugando con la desesperación y el desorden universitarios.

Mención especial para Ignacio González y su gran actuación en el partido de despedida. El cierre perfecto a un símbolo esmeralda.

La gran virtud del León fue haber sido equilibrado en la serie, adaptándose a las circunstancias y al rival. Por fin, La Fiera pudo bordar la octava estrella.

Con 25 años de carrera, ha vivido con el futbol desde la cuna, ya fuera con el Unión de Curtidores o con el Club León. Sabe encontrar el punto fino en cada juego y en cada movimiento de una Fiera a...