Batallando y remando contra corriente, el León pudo sacar una ventaja, mínima, pero ventaja al fin. Habrá que agradecerle a esmeraldas y rojinegros el partido tan intenso que nos regalaron en la ida, intensidad que anticipa un duelo similar el próximo domingo.
La Fiera sufrió al inicio del encuentro debido a la tibieza mostrada. La media leonesa no tuvo la posesión del esférico, sucumbiendo ante la presión rojinegra y cediendo la iniciativa al rival. La pasmosa pasividad de los Verdes permitió un gol impensable de la visita, complicando aún más las cosas.
Errático, sin brújula y sometido por los atlistas, el León vivió una primera mitad de pesadilla, que pudo haber sido peor si no hubiera aparecido Víctor Dávila con su golazo, en la única jugada leonesa al ataque en 35 minutos.
Importante fue el ingreso de Ramiro González, luego de la desafortunada lesión de Mosquera. El argentino vino a darle tranquilidad al cuadro bajo.
Holan ajustó las tuercas para la segunda parte, y La Fiera mejoró notablemente en la medida que pudo controlar la mitad del campo. Mena y Meneses tomaron protagonismo y el panorama era promisorio para los Verdes.
Desafortunadamente para la causa esmeralda, Julio Furch le dio ventaja a su escuadra con un gran remate en el área, aprovechando un descuido defensivo de los locales.
Hay que aplaudirle al Atlas y a Diego Cocca su disciplina táctica, y el orden mostrado durante casi todo el cotejo. Y al León hay que reconocerle su espíritu combativo, que -a pesar de no dar el mejor partido- le permitió darle la vuelta al marcador. La ventaja le da cierta tranquilidad a los Verdes pensando en la vuelta, pero esto está muy lejos de definirse.
