Nunca supimos cuál fue el León que Ariel Holan quiso pintar ante Cruz Azul.
Lo peor de todo es que los mismos Esmeraldas dieron esa horrible sensación de que tampoco supieron a qué jugaron.
La Fiera se notó desmembrada, alargada y partida. Sin sociedades y con esfuerzos individualidades sin sentido.
El resultado fue de una mínima diferencia, pero en la cancha hubo un equipo celeste ordenado, aburrido también, aunque convencido de su quehacer futbolístico. Y eso le fue suficiente para ganar.
Con los Esmeraldas se trazó para este duelo un esquema idóneo para el fracaso. Fue ponerse la soga el cuello y accionar ellos mismos la horca
Iván Rodríguez se alineó entre los centrales, pero alejado de Luis Montes con quien hace equipo. Solo y su alma, el “Chapo” cayó bajo el asedio del medio campo celeste, mientras Dávila corría como judío errante buscando el balón fuera de la zona donde ya ha demostrado que hace verdaderamente peligro.
Meneses ahora se ubicó de espaldas al arco y ahí perdió la vida. El “Patrón” alineó, pero no jugó. Lo mismo con Fede Martínez.
Jugando así, a nada, ni siquiera nos atreveríamos a asegurar que la presencia de Ángel Mena hubiera sido una solución.
Holan quiso remediar con sus movimientos una enfermedad que no existía en la Fiera y el remedio fue peor.
La Fiera cosechó cuatro puntos de nueve que disputó en tres juegos seguidos de local, perdió la calidad de invicto y lo más crudo de todo esto, fue que abrió los ojos a una realidad que le dice a gritos que otro equipo le puede vencer con pocas llegadas y mucho sentido común. Esta vez, la lógica no habitó en el cerebro del León.
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