Fueron 15 minutos de horror, tiempo en el que León volvió a evidenciar sus carencias defensivas, tiempo en el que volvió a recibir tres goles en la cara y que a la postre fue una desventaja insalvable ante Necaxa.
Se llegó al Victoria con la esperanza de victoria repitiendo el cuadro que derrotó al Atlas. Incluso, había pasado media hora de un primer tiempo cerrado en la cancha y con cierto dominio esmeralda.
Sin embargo, cayó el gol de Milton Giménez y el León se desmoronó, recayó en las desatenciones y dejó espacios mortales que permitieron el tanto de Facundo Batista y la mala fortuna de Rodolfo Cota en el autogol.
Cambios tardíos
La Fiera extrañó a Bellón porque Célestine no dio el ancho para imponerse en la central, para aportar un gramo más de lo que debe significar su fichaje.
Renato Paiva se la pensó mucho para moverle a su equipo. Saltó a la segunda parte con el mismo cuadro zarandeado.
El marcador le dio la razón a la tardanza con la que llegaron los cambios.
Campbell, Dávila y Yairo ingresaron de un jalón. La Fiera tomó el balón, difícil dictaminar exactamente si fue por el revulsivo de los movimientos o porque Necaxa cedió. El hecho es que el juego se dio en la zona defensiva de los Rayos, pero los goles se vistieron de impuntualidad.
No hay justificación
Los goles de Dávila le dieron al León una ilusión que se devoró el tiempo. En el León de Paiva, los hombres oportunos salen del lugar equivocado.
Quedarse solo con la sensación que lo diste todo por empatar, resulta una justificación tibia aún cuando se haya quedado a un gol de la hombrada porque sencillamente no hay necesidad de venir de tan atrás para rescatar un partido.
Ya son seis derrotas en el actual torneo, la misma cantidad de tropiezos que se registraron en el anterior y que causaron la animadversión con el pasado domador.
Faltan cinco juegos y esto en la Fiera puede caer más bajo. No es un deseo ni un augurio, es una matemática que pesa.
Twitter @geraslugo

