León estaba obligado a respetar la ineficiencia de los Gallos del Querétaro de la forma más futbolística posible: goleándolos.
Por donde se le viera, el León era favorito en este duelo y confirmó los pronósticos de muchos en la soledad de un estadio con ambiente pandémico. La jettatura leonesa sobre la queretana también persistió, ya vamos para seis años que los de La Corregidora no vencen a los Verdes en la Liga.
En el trámite se dieron asociaciones interesantes en el León. Como la de Adonis Frías y Stiven Barreiro cortando los avances locales y dándose tiempo de dar salida. O la de Iván Rodríguez y Lucas Romero, alternándose en la recuperación y metiendo la piernita en el momento justo.

Y algo más sobre Romero, decir que es un ‘Perro’ incansable.
Aunque también tenemos que hablar de esas individualidades que produjeron ofensiva y goles.
Yairo Moreno selló una actuación discretamente buena y con una definición de maestro sentenció el juego. Ángel Mena plasmó su experiencia para ubicarse casi siempre sin marca dando el pase justo y exacto. El ecuatoriano volvió a gritar un gol y eso es buena noticia.
Y Víctor Dávila, para mi gusto el más destacado, moviéndose a placer en los tres cuartos de cancha y contundente en ese remate de cabeza que comenzó a desequilibrar la balanza hacia el lado panza verde.

Dentro del eco del estadio vacío, agradaron los gritos de Nicolás Larcamón que no cesó de pedir a sus Esmeraldas mantener la guardia arriba y el esfuerzo físico constante a pesar de tener enfrente a un equipo sin alma con un Mauro Gerk perdido en el pensamiento visible de ya no poder hacer algo más por la causa queretana.
No podemos minimizar este triunfo asegurando que no hubo rival para el León porque sencillamente son los partidos que no deben dejarse ir. Los tres puntos en Querétaro no hacen del León un equipazo, es cierto, pero devuelven la sonrisa y el empuje para seguir avanzando.
Todo apunta a que Larcamón no se salga de la línea de cuatro zagueros dejando en el casillero por ahora la idea inicial que tenía de jugar con tres centrales y dos carrileros. Poco a poco el mismo cuadro le deja en claro al domador cuáles son sus mejores virtudes. Por ahí es, Larcamón.
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