Irónicamente al León le vino bien la expulsión de Paul Bellón.
Habrá quiénes dirán que Juárez desaprovechó el tener un hombre de más. Yo digo que la Fiera aprovechó tener un jugador menos.
Con la roja, diez en la cancha y ubicándose sin tanto defensa central, los Esmeraldas le tomaron medida a la escuadra juarense, se distribuyeron a lo largo y ancho del rectángulo, ajustaron el toque y sacaron el oficio que llevan dentro.
Se sabía que los Bravos de Juárez no eran un flan, pero después de lo visto en el partido, queda esa agria sensación de que Nicolás Larcamón los respetó con la línea de cinco atrás con la que inició.
León y Juárez se trenzaron en una primera parte donde la prioridad de estos adversarios fue destruir. Trabado resultó el duelo y con pocas opciones de gol.
Una nueva entrada imprudente de Bellón al minuto 52 activó el sentido de alerta de la Fiera y con la intranquilidad de la expulsión, sacó la calidad para pasear la bocha y adueñarse de la oportunidad de ganar.

A pesar de los pesares, el León enterró la lógica teniendo mayor presencia en el campo enemigo y fue irreverente ante la mirada de la afición norteña.
Si ponemos en la balanza la ambición de ambos equipos, los Verdes presumieron más. Y quizá sea en este punto donde Larcamón tenga que reflexionar en no amarrar tanto a su felino.
Cota, Barreiro, Adonis, Romero e Iván Rodríguez le están dando una seguridad bárbara al equipo como para atreverse más con Moreno, Dávila, Mena y Di Yorio. Además, Campbell y Yairo no lo hicieron mal como relevos.
Siete puntos de los últimos nueve es buena cosecha. También, se colgó un tercer cero de forma consecutiva y los Esmeraldas ya suman 333 minutos sin recibir tanto en contra.
Faltó el gol, el León debió atreverse. Suelta a la Fiera, Larcamón.
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