El malestar con el que inició el León en el Apertura sigue vigente. Este equipo no se anda con medias tintas, derrota o es derrotado.
Así se manifiesta en su andar, en cinco partidos jugados ya perdió, ganó, cayó, festejó y ahora en el último quedó avasallado por la practicidad del Atlético San Luis.
La Fiera muestra síntomas de bipolaridad. En esta teoría, supondríamos que para el siguiente choque podrá vencer al América, aunque por lo visto en el terruño potosino existen serias dudas para ello.
En el futbol se puede tropezar, pero hay de formas a formas. La impotencia se cataliza porque está claro que los Esmeraldas pudieron tener, con las manos en la cintura, el dominio del juego. Tan solo en los primeros diez minutos se les presentaron dos oportunidades claras de gol como para determinar el futuro de los siguientes 80 en el Alfonso Lastras.
Pero la inspiración de Federico Viñas esta vez le cedió el protagonismo al portero suplente de los potosinos Diego Urtiaga, que sí salió en su noche. Los de la noche oscura fueron los zagueros leoneses que de nueva cuenta se quedaron lejos de la fortaleza mostrada en otros torneos. El primer gol en contra, el de Rodrigo Dourago, resulta el reflejo de eso, cruzó fácilmente en medio de un mar de playeras verdes sin que nadie lo pudiera y supiera parar.
Es cierto que competir con un hombre menos puede ser un factor clave en el desarrollo de un partido. La expulsión de Lucas Romero, un tanto accidental aunque justa, apareció para torcer las líneas esmeraldas de gran manera que pesó más que un gol en contra.
No hubo reacción de parte de los de Nicolás Larcamón y las soluciones que vinieron desde la banca no provocaron un cambio sustancial en el accionar del equipo. El ‘Patrón’, el ‘Avión’, el ‘Jefecito’, ‘Osvi’ y Rubio pasaron de largo; el ‘Diente’ López, sin jugar, solo se aclimató a los gritos del domador, mientras que Borja Sánchez sigue sin dar indicios de vida en el radar mental de técnico.
No es que le digamos a Larcamón lo que tiene qué hacer, pero algo diferente tiene qué hacer cuando con sus huestes no cosechan la consistencia necesaria.
La Fiera no puede sobrellevarse dentro de un círculo vicioso en el que en una jornada celebra y en la que le sigue se lamenta. En la que un partido es un bálsamo y otro un duro golpe de realidad. No a la bipolaridad.
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