No es el techo, pero sí un paso adelante.
De su visita al América, León sacó un empate del que no vamos a afirmar que sabe a triunfo para no minimizar la capacidad, pero sí del que podemos asegurar que revitaliza el ánimo.
Era necesario sumar para evitar lo que hubiera sido una semana desastrosa ante la goleada sufrida en San Luis Potosí a mitad de semana.
Por fin vimos aplicada la fórmula de mezclar las cualidades de Federico Viñas con las del ‘Diente’ López, misma que generó los primeros chispazos que más adelante pudieran convertirse en fuego ofensivo.
La Fiera tuvo la oportunidad de ganarle al ‘Más Odiado’, pero el travesaño y algunos centímetros impidieron tal situación.
Pero si el León supo manejarse en el Azteca fue en gran parte por la decisión de regresar a un esquema de cuatro en la zaga con dos centrales y dos laterales, estos últimos no en la función de carrileros.
Larcamón le dio banquita a Frías para jugársela con Moreno, Barreiro, Tesillo y Osvi Rodríguez.
Y aunque seguimos percibiendo que el nivel defensivo esmeralda está por debajo de lo ideal, el equipo se observó cómodo y distribuido. Esto también ayudó de cierta manera a que la dupla Jefecito-Ambriz saliera bien librada en este trámite.
En el balompié hay momentos en el que los directores técnicos deben dejar a un lado su filosofía, en ocasiones hasta caprichosa, para darle paso y peso a la naturaleza de juego de sus futbolistas.
No me pregunten los motivos, pero casi por historia la Fiera ha patentado el cuarteto como línea defensiva para manifestarse óptimo en la cancha.
Ante el Ave, la zaga esmeralda con menos hizo más, sin obsesionarse con hacer de más. Es decir, dos centrales fueron mejor que tres y cuatro zagueros mejor que cinco.
Larcamón acertó al divorciarse de una idea que no estaba funcionando, una decisión difícil que facilitó el accionar felino.
Era preciso sacudirse la etiqueta de un mal visitante, calidad en la que el equipo leonés solo había visto derrotas en el presente torneo. Así fue y ahora a seguir adelante.
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