Humillante o ridículo. No sé cuál palabra defina con mayor exactitud lo ocurrido con la Fiera en Mazatlán. O tal vez podamos utilizar las dos.
Ridículo. Después de dos victorias al hilo y ante un rival que tres días atrás había perdido por goleada, nadie esperaba una derrota así.
Los Esmeraldas no fueron ni una pizca de la entrega que vimos para remontar al Necaxa. Es increíble cómo pudieron caer tan bajo en tan pocos días.
Las condiciones estaban dadas para que los de Nacho Ambriz hilaran un tercer triunfo consecutivo pues a comparación de los Cañoneros, no sufrieron el desgaste de la doble jornada, llegaban con una mejor posición en la tabla y comenzaban a embalarse en una seguidilla de victorias.
Desde el minuto dos el León comenzó a perder el juego cuando Cambindo desaprovechó un regalito que le puso de frente al arquero local. Falló y ese error al final de cuentas pesó porque los hilos del juego pasaron a manos de los locales.
La Fiera hizo el ridículo a la marca. Regaló facilidades a diestra y siniestra y Mazatlán fue tan oportunista como contundente.
Los Cañoneros no habían anotado cuatro goles en un partido desde hace casi cinco años. Lo ridículo es que aquella vez se los anotaron también al León.
Humillante. Esta es una derrota así, sufrida ante un rival que ya no tiene identidad en su todavía sede, un adversario cuyo nombre tiene las horas contadas antes de desaparecer en la Liga Mx. Pero aún así, mostró amor propio y salió avante.
En este sentido, Seba Santos derrochó profesionalismo al jugar adecuadamente contra el dueño de su carta, mientras que Brian Rubio jugó el partido que siempre le quisimos ver como esmeralda.
La guerra táctica la ganó Sergio Bueno parando bien a su equipo. Ambriz simplemente no supo por dónde le llegaron los trancazos ni cómo componer a su equipo.
El casi autogol de media cancha de Barreiro es el reflejo mismo de lo que fue la Fiera en la jornada 10, una irrealidad, una película de terror.
No podemos decir que el gol de Cambindo, al minuto 90 para el 4-2, puso decoroso el marcador porque la humillación ya estaba concretada.
Así como en el juego anterior del León elogiamos su reacción, en esta ocasión nos vemos obligados a ser duros con la crítica en su contra. Es el mismo León el que puso los condimentos para que la sazón sea agria.
Ganando en Mazatlán, la Fiera hubiera dado un gran brinco hacia una posible fase final. Todo lo contrario, prefirió regresar al hoyo de la incertidumbre en el que estaba inmerso hace tres jornadas.
@geraslugo en X
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