Ni sopa recalentada ni amor por segunda vez… Una frase lapidaria hasta para un técnico campeón con la Fiera.
Nacho Ambriz ya no va más como domador. De la misma manera, el equipo no iba más con él.
Ante Tijuana quedó más que claro.
Segundo tropiezo consecutivo en dos apariciones desastrosas.
Siete goles en contra en esos juegos, tres de estos clavados ante la presencia de miles de aficionados esmeraldas que indignados abuchearon a su equipo desde el minuto 4.
Lo lógico y prudente era hacerse a un lado. Nacho se ha ido.
No hubo alineación alguna que le convenciera. Intentó cualquier fórmula, toda clase de movimientos en el cuadro, en la táctica, en la estrategia y nada.

Una primera parte con un 3-0 en contra que evidenció el distanciamiento entre el timonel y los jugadores.
Mientras Abreu corría como loco los metros para festejar los goles y con sus caninos, Ambriz miraba lo que sería su futuro inmediato: el adiós.
En el Glorioso vimos de forma nítida lo que no existía en la interna del equipo León, comunión entre la dirección técnica y los que están en la cancha.
Un segundo tiempo que se tornó más largo que la Cuaresma, soso, con una Fiera de toquecitos, sin ideas, sin empuje y sin el extra.
Era cuestión de tiempo.
Una nueva y extraña alineación para la Jornada 11 con Beltrán, Cortizo, Reyes y Arcila en la banca, a quienes anteriormente les habían puesto la etiqueta de estelares.
Curiosamente, Funes Mori y Alvarado se quedaron sin jugar ante Xolos, y si a ellos no los consideraron para anotar goles, que era lo que se necesitaba, entonces se vivía en el León un mundo raro.
Se va Nacho, pero es preciso que el problema no se quede.
El nuevo domador deberá catalizar al plantel, sacar lo mejor de este y erradicar la posibilidad de que todo esto sea un capricho de los mismos jugadores.
Ambriz lo intentó; no pudo.
Y la vida sigue…
@geraslugo en X

