El equipo León ligó su segunda derrota al hilo en el naciente Apertura 2026. Lo suponíamos con bases: sin Cambindo, las posibilidades de gol en la Fiera se reducen considerablemente.
Y así sucedió. Los Esmeraldas alternaron con los Xolos la posesión del balón a lo largo del juego, se fraguó una lucha en el medio terreno y la sensación del manejo del balón, podría decirse, fue grata. Pero sobar la pelota no es sinónimo de profundidad o contundencia.
Gandolfi le movió a su cuadro. Se dio el debut de Romaña, mientras que Cortizo, Colula y Alvarado también aparecieron en el once inicial.
De Romaña se ve que es un zaguero que utiliza su fuerza para imponerse y que vendrá a bien en el seno esmeralda. Aunque el tinte defensivo parece fortalecerse con la llegada del colombiano y su compatriota Guevara, la ofensiva no es como la pintan para un equipo que debe ser un felino en toda la extensión de la palabra.
Ismael Díaz no fue el de otras noches de júbilo, Alvarado vio estrellitas con la entrada imprudente de Porozo, el Cortizo titular es muy diferente al Cortizo revulsivo, a la vez que con Guerra sigue sin pasar nada.
Tijuana no fue ni siquiera aquel Xolos versátil que vino hace unos meses al Glorioso y provocó el cese de Nacho Ambriz. Solo encontró el peligro mediante dos tiros desde el manchón penal. Uno lo rechazó el Gato García y el otro lo convirtió con éxito el chamaco sensación, Gil Mora, a siete minutos de entrar como relevo.
El partido no dio para mucho ante el tráfico de la pelota en el medio campo y dos equipos que por más que querían mover la palanca de velocidades, nunca lograron acelerar a fondo.
Al final, el duelo no pasó de la medianía.
El arranque del León preocupa por el lastre que arrastra Gandolfi desde el torneo pasado. El timonel argentino navega por ahora en el limbo, en una zona donde la corriente es nula.
Desde su llegada al banquillo esmeralda hasta el partido contra Tijuana, ha anotado 13 goles y recibido la misma cantidad. Curiosamente, ha ganado 12 puntos y perdido la misma cantidad. Además, después de ligar cuatro triunfos, ha hilvanado la misma cantidad de derrotas.
En la rueda de prensa posterior al partido en la perrera tijuanense, se le notó seco entre la tristeza y la incertidumbre que causan los tropiezos. Ni las loas que le echaron los reporteros de la frontera tratando de recordarle las glorias que vivió como Xolo, hicieron que el domador sostuviera la sonrisa.
Gandolfi tiene motivos para estar así porque después de solo ver derrotas, los discursos se desgastan rápidamente. Y así, todo esfuerzo sobre la cancha se arrincona en el sitio de las excusas y las discusiones estériles.
Solo el triunfo sanará las heridas abiertas que sangran en la Fiera. Viene Pachuca…
@geraslugo en X
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