Al Club León, le tocó sufrir en serio su última etapa en la llamada “división de plata“, incluso se llegó a especular sobre una supuesta “maldición”, que no permitía que la Fiera tuviera su regreso a tomar su lugar en el Máximo Circuito.
Y es que, en 2007, con dos oportunidades fallidas, ante rivales como Irapuato y Dorados, en los torneos de 2003 y 2004, respectivamente, la oportunidad de que la Fiera retornase a la Primera, se antojaba factible al enfrentar en semifinales a una escuadra de reciente creación como fue la de Indios de Ciudad Juárez (factor que alimentó la esperanza y confianza).

En el recuerdo de los verdaderos aficionados verdiblancos, está sin duda, el de aquella impresionante temporada que tuvo la Fiera en el Apertura 2007, cuando los entonces dirigidos por Sergio Bueno lograron ilusionar a los simpatizantes Esmeraldas de toda la ciudad y por supuesto, a los que se encontraban fuera de sus fronteras, luego de dominar de “costa a costa” mencionado certamen.
De la emoción al exceso
Los de la frontera y los del Bajío se vieron frente a frente en las semifinales de dicho campeonato. En la Ida, desarrollada en el entonces remodelado, estadio Olímpico Benito Juárez, la ventaja fue para los locales por 1-0, en un partido donde León había logrado adelantarse en el marcador, sin embargo, un aparente fuera de lugar restó posibilidades para ganar en confianza en una dura aduana chihuahuense.
La Vuelta se desarrolló en un pletórico “Nou Camp“, en el que el soleado mediodía de un domingo nueve de diciembre de 2007, hacía recordar a más de uno, lo espectacular que se veía el “dos veces mundialista” durante sus mejores años en la máxima categoría, por lo que, en medio de un ambiente de fiesta y gran emoción, “la mesa estaba servida”, para un gran espectáculo.

En lo futbolístico, León tuvo que remar contra corriente en todo momento y es que los dirigidos por Sergio Orduña se fueron al frente en el marcador, por conducto del nativo de Torreón, Edwin Santibáñez, apenas a los 23 minutos. El feroz empuje de la afición verdiblanca hizo que el ánimo de los Verdes no decayera y entonces Mauricio “TNT” Romero, respondió poniendo el global 2-1 a los 38.

Pese al corazón que seguidores y jugadores pusieron, la desesperación se hizo presente en el “Campo Nuevo”, y es que el esquema de Orduña “echó todo el camión atrás”, para que a Fiera no volviera a marcar en la complementaria, situación que en el agregado, hizo que la casa de los Verdes, fuera un verdadero infierno.

Se cumplía entonces, otro año más en la “maldita Primera A”, lejos del lugar en el que todos querían ver a la Fiera, lejos de jugar ante los llamados “grandes”, un año más, en el que el equipo que había nacido grande volvería a penar por plazas del más bajo nivel y con el mínimo apoyo en todos los sentidos.
Y entonces, los gritos de “¡León, León!” se convirtieron en insultos, en los que los ahí presentes consideraban era ni más ni menos que una “Pin& Burla”, las oxidadas mallas ciclónicas que “impedían” el paso de los aficionados a la cancha, fácilmente fueron destruidas, para dar paso a una enardecida horda, que solamente pensaba en la venganza.

Las fuerzas del orden público terminaron por verse rebasadas, rápidamente un cerco de policías recibió instrucciones de colocarse en los ahora extintos gusanos inflables que daban acceso a los vestuarios y es que la intención era irse tanto contra los locales, como contra los visitantes. Llanto, gritos de desesperanza y mucha frustración se registraron aquella triste tarde decembrina.

La situación terminó con un estadio Esmeralda, vetado, sumido el castigo para que finalmente y lamentablemente para la causa felina, prácticamente un año más tarde, la dosis se repitiera, pero en la gran final de Ascenso, con unos Indios que en su momento lograron ser la pesadilla de los Verdes, en una de las etapas más complicadas de la nutrida historia del equipo en donde “La vida, no vale nada“.
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