Eran los primeros cuatro días del sexto mes del 2005 cuando la esperanza y la ilusión fueron los detonantes de toda una resonante algarabía en las entrañas de una franquicia que, tan solo tres años después de su doloroso descenso ante Veracruz en el Verano 2002, ansiaba con regresar a la Primera División de México tras un legado de cinco títulos de liga.
Aunque en la ida se habían rendido ante el sonoro canto de los Gallos Blancos del Querétaro por marcador de 2-1, las gradas del Estadio León y sus alrededores confiaban en el ansiado regreso del club de sus amores.
El escenario era inmejorable para la Fiera del Club León frente a una guarida repleta de almas que aún soñaban con el penúltimo rugido de la temporada que les permitiera acceder a la Final por el Ascenso.
¿Cómo llegaron?
Al mando de Juan Carlos Chávez, quien es mejor conocido por su apodo de “Pájara”, la afición sufrió con un torneo regular de altibajos, pues más allá de haber logrado una racha de seis victorias consecutivas, su lugar en la Liguilla peligró en las últimas fechas.
Una racha de siete partidos sin triunfo, donde se incluye una goleada en contra de 4-1 propinada por el Atlético Mexiquense sobre la cancha del Nou Camp, encendieron unas alarmas que se apagaron en las dos últimas jornadas.
Una victoria por la mínima en casa de Pachuca Juniors y una goleada de 4-1 a favor sobre los Estudiantes de Altamira, catapultaron a sus pupilos a la Fase Final del torneo por la vía del repechaje.

Un camino tranquilo hacia la Gran Final
Los primeros seis partidos de la fase eliminatoria fueron relativamente sencillos para ellos con 14 goles a favor por solamente tres en contra.
Ante Cobras de Ciudad Juárez (5-1) y Pachuca Juniors (6-1), se confirmó un poderío en el mejor momento posible para la afición guanajuatense que, volcada hacia sus verdes, desataron una enorme ilusión de verlos campeones del circuito.
Presos de una inevitable confianza, era casi una obligación borrar el amargo recuerdo de un año antes, cuando perdieron su gran oportunidad frente a los Dorados de Sinaloa.
La sinuosa serie
Tras perder la ida en el Estadio Corregidora por marcador de 2-1, la confianza en sus hombres seguía intacta para la “Pájara”.
José Guadalupe Castañeda, Jorge Almirón, Juan Carlos Rojas, Claudio Sarriá, Bardo Fierros y Héctor “Yaya” Álvarez, serían los encargados de cargar con toda la presión que conllevaba disputar una gran final en el Ascenso de México.
Era la oportunidad de resarcirse para el artillero argentino, quien se perdió la final ante Dorados por una rotura de ligamentos cruzados justo antes de emprender su aventura en tierras sinaloenses.
12 goles en fase regular, incluido un triplete ante Los Alacranes de Durango y dos dobletes frente a Tigrillos Broncos y Estudiantes de Altamira, hicieron de la “Yaya”, una figura en donde depositar todas las esperanzas de ascender.

Pero en la vuelta, en un repleto Estadio León, su cambio al minuto 46 rompió todas las expectativas.
Aquello sólo acumuló la frustración de todos los panzasverdes, pues un zurdazo de Armando Tavira al ángulo derecho de César Ríos, sobre el final de la primera mitad, aumentó la ventaja de los queretanos en el global por pizarra de 3-1.
Aunque los Verdes se acercaron con la anotación de un joven Leobardo López gracias a un sólido cabezazo que hizo explotar a toda la afición a los 56 minutos del tiempo corrido, el empate jamás pudo llegar.
Por si no fuera suficiente la frustración e impotencia, Luis Romero, defensor paraguayo con recorrido en Santos Laguna y Jaguares de Chiapas, falló una pena máxima al 82’ que dictó sentencia condenatoria.
Sin nada más que las lágrimas
En medio del encarcelamiento de Carlos Ahumada y la toma momentánea del equipo por parte de Adolfo Reza, la derrota sólo pudo traducirse en un mar de lágrimas para toda la institución.
Por más que Chávez lo intentó, perder la gran final significó su salida de la institución para el Apertura 2005.
Dar la vuelta olímpica en patio ajeno sirvió de motivación psicológica para los queretanos, pero no pudieron reflejar aquello en el terreno de juego al perder la final por el Ascenso ante su archirrival: San Luis.
Por más que intentaron rugir, Chávez y sus jugadores se añadieron a un inhóspito círculo vicioso dentro de un infierno que parecía interminable.


