León.- Tristeza, es el sentimiento que impera en todos los que conocimos de cerca a Benedicto Bravo.

El “Venadito” nos dejó en Nochebuena. Estábamos en la cena de Navidad cuando recibimos la noticia.

Apenas minutos atrás había platicado con mi padre, José Luis Lugo, sobre la salud de Benedicto y de Arturo “Pitos” Guerrero compartiendo la última noticia que habíamos recibido de ellos: estables.

Al confirmar el fallecimiento, esos horribles segundos de silencio aparecieron.

Mi querido “Gato” dirigió al “Venadito” en lo que resultó su primer triunfo como entrenador. Fue en el estadio León en la final del Torneo de los Barrios con un equipo de reservas del Unión de Curtidores.

Lo recuerdo bien, Benedicto fue un jugador siempre cabal. Resaltaba lo delgado de su corporalidad porque usaba las medias lo más abajo que podía, pero aun así metía la pierna haciendo gala de su apellido.

Desde entonces, su trato con mi padre, mi familia, conmigo y con todo el mundo fue de una amabilidad extraordinaria.

Como muchos jóvenes que añoran llegar a la cumbre en el futbol, el “Venadito” se mantuvo firme en su sueño. Jugando con la garra característica del Curtidores, Benedicto fue parte de ese Unión que ascendió en 1983 dirigido por el “Pistache” Torres. Pero el UdeC desapareció de la Primera una temporada más adelante y el “Venadito” buscó fortuna en el León.

Ahí siguió fiel a su estilo de pelear el balón con hambre. Como Fiera le tocó esa etapa ochentera de nubarrones que hicieron que el equipo descendiera.

Benedicto se quedó en el barco y fue preponderante en el ascenso del 90. Era el veterano de la generación dorada de futbolistas leoneses que con orgullo le regresaron la categoría al León en años donde el dinero se contaba por los centavos que se tenían.

De película, a Benedicto le llegó la responsabilidad de jugar el duelo final contra Puebla al lesionarse Coyote. Había sido operado y tras su recuperación estaba para darlo todo en los minutos que jugó. Fue para él la hora más importante de su carrera.

Conocemos la historia, esas Fieras se entregaron con el alma para darle al León la quinta estrella.

Ha sido un año triste en todo sentido. Junto con Benedicto en el 2020, han partido grandes personas que plasmaron letras en la historia del deporte leonés como Gil Loza, Amaury Vital, Constantino Perales, Walter Ormeño, Epigmenio Zamudio, Jorge Lizardo, “El Quequis” Rojas, “El Chamorros” Méndez, “El Ranchero” Oviedo, Carlos Alvarado “Bobby Lee” y sin dejar de mencionar a don “Chendo” Maceira, fotógrafo que captó momentos de alegría y dolor, sentimientos que siempre son parte de la vivencia deportiva.

Después de esos segundos de silencio en la cena familiar por la muerte del “Venadito” y con lo que peleó mi padre para mantenerse vivo frente al Covid, mi hermana le dijo: “eres un milagro, papá”.

Muy cierto, porque hoy escribimos de los que forjaron milagros en una cancha y de los que hoy hacen milagros en la vida misma.

Un aplauso a los que partieron y a todos los que en esta lucha son guerreros, como el “Pitos” y el mismo Nacho Ambriz.

Descansa en paz, Benedicto, fuiste un “Venado” muy bravo, gracias por ello.

Twitter @geraslugo