Sufrido y de mala calidad, pero irónicamente el empate que sacó el León en Tijuana resultó milagroso y valioso.
Me explico. La Fiera llegó a su debut sin duelos de preparación y con bajas numerosas y sensibles, incluso perdiendo titulares en el mismo partido por la lesión de Barreiro.
Es por ello que no perder era un resultado que se aceptaría.
Su falta de ritmo fue evidente, las piernas de los Esmeraldas llegaron tarde a las jugadas y el toque estuvo distante de ser fino, deficiencias que nunca se justificarán cuando ya se está en una competencia, simplemente, en este caso, es la explicación a dar tras los 90 minutos en la perrera del norte.
Sin el Patrón Fernández, Jean Meneses, ni Federico Martínez, el domador Holan echó mano de Luis Montes y Elías Hernández quienes hicieron todo cuanto pudieron para tener la pelota, aunque se careció de una superioridad sobre la zaga rival.
La Fiera encontró el gol con un error defensivo y esto le permitió sobrellevar un partido que se complicó en la segunda parte.
Después de lograr la igualada, Tijuana se cansó de fallar y no pudo ante un crecido Rodolfo Cota cuya estrella y buena fortuna le alcanzaron también para recibir la benevolencia del VAR en la última jugada del duelo.
Las circunstancias del juego dejaron el dolor en el orgullo de los Xolos por no poder ganar en casa y el suspiro de unas fieras cuyas caras eran de resignación en la marcación del penalti hasta que los árbitros del televisor dieron al traste en el señalamiento. Entonces, todos suspiraron de alivio.
Se tiene poco tiempo para encontrar el alto nivel competitivo puesto que el miércoles y el sábado los Esmeraldas vuelven a la carga. Al menos recuperar a la gente le dará armas a Holan para enfrentar al Atlas y Pachuca.
Al final, se ganó un punto de visita entre muchos cuestionamientos. Y eso, recalco, es bienvenido.
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