El León le hizo el feo al destino. Dejó ir el triunfo y con esto la oportunidad de recibir en casa el partido de repesca.
Ahora viajará al Azteca para buscar el boleto a la Liguilla visitando al Cruz Azul.
El empate a dos ante Tijuana sirvió para nada. Se necesitaba de la victoria y la tuvo en sus garras por mucho tiempo, pero fiel a su costumbre, los Verdes revivieron a un muerto.
Muchas circunstancias en el último duelo de la etapa regular del Apertura que influyeron en el resultado: un VAR de microscopio que anuló dos goles, un VAR que desapareció y no corrigió la mala apreciación de Santander en jugadas de penalti y un gol a favor de la Fiera que irónicamente la puso contracorriente para luego sucumbir entre sus errores.
Esto último fue lo que más afectó al cuadro de Renato Paiva. Y lo que más dolió.
Después de un primer tiempo dominado por los Esmeraldas, vino la justicia en la segunda parte con el gol de Lucas Di Yorio. Sin embargo, el tanto del argentino relajó a la Fiera cediendo la pelota a un Tijuana que luchó por orgullo a pesar de que sus aspiraciones habían sido aniquiladas.
León se sintió ganador de forma prematura, pecado que pagó con una penitencia muy cara. Desatención en defensa y el gol de Tití Rodríguez cayó como cubeta de agua fría sobre el césped del Glorioso.
Entonces el cuadro leonés jugó desordenado y frustrado. Renato Ibarra impactó el 2-1 como un duro golpe en el sentimiento de la afición leonesa.
Ya en los últimos instantes, el gol de Plátano Alvarado maquilló el drama, evitó la derrota, pero no le quitó el sabor a desastre que tuvo esta igualada.
Lo real es que, con la bondad del torneo mexicano, la Fiera sigue viva sin ser de los ocho mejores y tiene la oportunidad de conseguir su pase a la Liguilla en el siguiente duelo, aunque sea de visita.
Todo esto, a pesar de que las vicisitudes del empate contra Xolos generen una sensación de desaliento, algo que es inevitable.
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