Nada como aquellos duelos entre el León y el Unión de Curtidores donde se derrochaba buen toque de la pelota y se regaba el césped con puritito orgullo futbolero.
Fue en la Temporada 1974-75 que el Curtidores debutó en la Primera División después de ascender por invitación, junto con Tigres y Potosino, para llegar a ser 20 clubes en el máximo circuito del futbol mexicano.
El León ya era un equipo de estirpe con cuatro títulos de Liga, tres subcampeonatos, cinco títulos de Copa e igual número de Campeón de Campeones.

Así, era un hecho que por primera vez habría un choque entre los dos equipos de la ciudad zapatera. El punto es que nadie se imaginaba que este duelo inédito llegaría al punto de ebullición.
El histórico León Vs Curtidores
En aquel entonces, el torneo se dividió en dos grupos y ambos equipos compartieron el mismo sector. Tres meses y medio después de iniciada la temporada, fue hasta el domingo 10 de noviembre de 1974 que el estadio León abrió sus puertas para abarrotarse de aficionados a fin de ver la versión leonesa de David contra Goliat.
Ni cinco minutos habían pasado cuando mi padrino Hugo Dávila marcó el primero para el Unión. Después el “Chepe” Chávez empató. Los Curtidores se fueron arriba con tantos de Oribe Maciel y Fausto Vargas y luego vino la reacción de los Panzas Verdes con goles de Manuel Guillén y Luis Cánepa.

El León se fue arriba 4-3 con la anotación de Roberto Salomone. Hay una foto de este tanto donde la saeta argentina sonríe confiado de enviar el balón a las redes, mientras que el rostro de mi padre, José Luis “Gato” Lugo, luce preocupado sabiendo que no alcanzaría a rechazar.
Poco después, Juan Carlos Czentoricky lograría el empate a cuatro para que la euforia rebasara los límites del estadio e inundara a la ciudad entera.
Quiero creer que con un juego así, lleno de entrega y más allá de los colores, la afición leonesa salió del estadio enamorada del futbol en sí, de lo que pueden ofrecer 22 auténticos guerreros en una cancha de futbol.
De esta forma nació un Clásico que en nos regaló grandes emociones, bonitos goles, conatos de bronca al por mayor y, sobre todo, arraigó una identidad futbolera muy peculiar para nuestra ciudad. La Capital del Calzado vivió entonces una guerra civil que duró por diez años.
En esa temporada de la 74-75, León y Curtidores llegaron a la Liguilla y terminaron en segundo y tercer lugar. No hubo un campeón leonés, pero el torneo fue inolvidable.
@geraslugo en X
