Foto: Mexsport.
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La agonía terminó, la Fiera dejó ir el último hálito que tenía en sus pulmones y feneció en el Clausura 2025.

Después de 10 jornadas en las que la ilusión por tener un equipo ganador llegó muy alto, de contar con un nuevo ídolo y de ver al Glorioso abarrotado, el León ya no fue como lo pintaron en la primera mitad del torneo.

Dos rostros muy diferentes: Un felino con una racha de cinco victorias consecutivas y una decena de juegos sin perder y otro de siete derrotas en sus últimos nueve partidos.

En los Cuartos de Final ante Cruz Azul, los Esmeraldas aceptaron cinco goles de un rival que no jugó a tope ni bien. La Fiera remó siempre a contracorriente buscando alcanzar, viéndose abajo por sus propios y crasos errores.

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En el partido del adiós, Berizzo trató de remediar hasta lo que él mismo planteó como táctica. Al estar abajo en el global, perfiló a su equipo para ser más ofensivo y ahora sí optó por tener a un centro delantero natural.

Sin embargo, el lastre que se arrastraba desde partidos atrás era muy pesado. No solo se trataba de tocar la puerta de Mier, sino de tumbarla y destruirla.

Mal en la defensa y débil en el ataque. Así, imposible.

James Rodríguez fue una figura más en el partido. Se esperaba que sacara al equipo del atolladero. Si no era él, no sería nadie más.

En CU, el colombiano se mostró errático al pasar, al recibir y al querer definir. En pocas palabras, la enfermedad agarró parejo en las filas esmeraldas.

El gol en contra que encajó el último clavo en el ataúd reflejó la realidad del cuadro leonés.
Lástima por Echeverría, su entrega es elogiable, pero su barrida fue inoportuna sin alguien que lo presionara. Después de su autogol usó la playera para taparse la cara y así describió el final de todo.

No solo era estar de regreso en una Liguilla, era jugar para ganarla, pues para un equipo de historia como el León no puede ser de otra forma.

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Casi exactamente dos meses duró el suplicio del León. El pasado 9 de marzo comenzó la debacle, el tropezón contra Santos golpeó las entrañas del felino esmeralda, desde entonces sangró por dentro y Eduardo Berizzo nunca pudo remediar el mal.

Aunado a eso, poco a poco se encrudeció el tormento en lo mental con la incertidumbre mundialista. Un distractor que fue más letal que la misma ofensiva esmeralda.

Al final, la Fiera se quedó con nada en las garras. Sin Mundial, sin título, sin apoyo de la Liga MX, sin ídolos, sin vida en el sentimiento del que emana el orgullo esmeralda.

@geraslugo en X

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Con 25 años de carrera, ha vivido con el futbol desde la cuna, ya fuera con el Unión de Curtidores o con el Club León. Sabe encontrar el punto fino en cada juego y en cada movimiento de una Fiera a...