¡Hoy es Viernes de Orgullo Esmerada! Un día genial para hablar de jugadores y sucesos importantes en la rica historia del Club León.
La Fiera ha tenido grandes goleadores a lo largo de sus ocho décadas de existencia, aunque también ha contado con aquellos futbolistas que cuando anotaban, lo hacían a través de goles espectaculares.
A mi consideración, uno de estos lo fue Carlos Peña, el Gullit, jugador esmeralda que se destacó en el ascenso de 2012, así como en el recorrido hacia el bicampeonato bajo la dirección técnica de Gustavo Matosas, más de una década atrás.
Definir la posición en el que se desempeñaba el Gullit Peña podría ser complicado pues no era un contención clavado en el centro del campo, no era un volante que hiciera surcos por las bandas, tampoco un enganche o un falso nueve. Me voy a quedar con la idea de que Carlos Peña era un mediocampista completísimo en toda la extensión de la palabra.
Con el Gullit, el término de reconversión que se maneja en el futbol tomó sentido, al ser un elemento que cambiaba la inercia de una jugada en contra a una netamente letal para los mismos adversarios.
Haciendo una analogía, para los equipos a los que enfrentó el León, era de repente toparse con un monstruo que aparecía sorpresivamente dentro del área deseoso de devorar a sus víctimas.
A Peña le vimos goles de todas las confecciones habidas y por haber: taladrando a la defensa hasta esquivar al portero y enviar a la red, mediante tiros de media distancia, en remates de cabeza dentro del área, de media vuelta, de tijera o simplemente cerrando la pinza.
También marcó en momentos importantes, como aquel tanto que abrió la reacción esmeralda en la final de ascenso contra Correcaminos o el gol que allanó el camino en la final contra el América.
Pero hay un gol que define claramente la calidad que cargaba en sus botines: ese que dibujó ante el Toluca en la semifinal del Torneo de Clausura 2014.
Domingo 11 de mayo de ese año, el parcial era de 1-0 para la Fiera. Corría el minuto 50 cuando el Chema Cárdenas hizo un movimiento hacia el centro y pudo ceder a la ubicación de Luis Montes, quien levantó el esférico enviándolo hacia donde se ubicaba sin marca Carlos Peña.
El Gullit vio venir la redonda y como si tuviera ojos por toda su humanidad, con el balón en descenso tocó con parte interna, nada potente, pero sí demasiado colocado para hacer inútil cualquier intento de Talavera por defender su meta. Con eso apagó el Infierno.
Un soberbio gol que se condimentó de inteligencia, picardía y contundencia. Así fue el Gullit vestido de esmeralda, dicho con todo respeto, una bestia para matar a los adversarios.
Gocen de este viernes porque es de Orgullo Esmeralda.
@geraslugo en X


