En León vivimos uno de los mejores partidos en la historia de los Mundiales de futbol.
No me refiero a ese del que siempre hablamos entre Alemania e Inglaterra de 1970, al que de hecho le llamaron Partido del Siglo.
En 1986, aquí en el Nou Camp, sobre la misma grama esmeralda, tuvimos la suerte de presenciar una auténtica guerra futbolera. Y es cierto que los nombres de los contendientes no dieron para que lo mediático influyera sobremanera, pero es cierto que la afición panza verde disfrutó aquella tarde de domingo del 15 de junio, 40 años atrás.
Con una base de ucranianos del Dynamo Kiev, la URSS era un equipazo. Se impuso en su grupo por diferencia de goles a la gran Francia de Michel Platini. Fue por ello que, como primer lugar, logró quedarse una fase más en la sede leonesa.
Su rival, la Bélgica que había perdido contra México en la primera fase y que logró su pase a la ronda de Octavos de Final como el mejor de los terceros lugares de grupo.
De entrada, el duelo en las porterías fue de peso completo.
Por el lado de los soviéticos Rinat Dasáyev o Dassaev o Dasaev como quieran escribirlo, lo único cierto es que podemos describirlo como uno de los mejores porteros de la historia. Y por los Diablos Rojos, Jean-Marie Pfaff, carismático y atrevido arquero belga. Un espectáculo.

Igor Belanov abrió la pizarra para la URSS con un golazo al ángulo al minuto 27. Media hora después, tras el descanso, Enzo Scifo empató para Bélgica.
El duelo se dio en un ir y venir, vertical y exquisito.
Belanov tendría una tarde ensueño y marcó su segundo tanto al 70, pero el grandote Jan Ceulemans devolvió el empate en el marcador. Para esto, ya la afición estaba metida de lleno en el espectáculo de soviéticos y belgas.
Entonces, se dio un momento que para mí es algo inolvidable. En cuanto el sueco Erik Fredriksson pitó el término del tiempo regular con el empate a dos, la afición en el Nou Camp celebró con un grito al unísono porque vendrían 30 minutos más de emociones.
Y así fue, en el tiempo extra Bélica tomó el protagonismo ante una URSS sumamente combativa. Llegadas de un lado y otro que se toparon de frente ante la calidad de ambos guardametas.
Para vencer a Dasaev se necesitaron dos goles de gran calibre como los que anotaron Stéphane Demol y Nico Claesen. Estábamos 4-2 para Bélgica, pero Belanov no quiso bajarle al drama y marcó su tercer tanto en la batalla.
El resto fueron 10 minutos para ver a dos rivales entregarse en la cancha del Estadio León.
El final llegó, los aplausos de la afición estallaron cual si fuera gol de la Fiera. Un minuto de estruendo para agradecer a belgas y a soviéticos por su lucha.
Estoy seguro que si este duelo se hubiera dado con otras selecciones como Brasil, Argentina, Francia o Alemania, estaría calificado con mayúsculas en la historia de los Mundiales.
@geraslugo en X
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