Este era un partido que se debía ganar, fuese como fuese, y así sucedió. Lejos aún de mostrar un funcionamiento óptimo, León consiguió una importante victoria en tierras queretanas, en un encuentro para el olvido.
El estilo “bonito” y de toque de La Fiera es cosa del pasado: el actual León tratará de morder cada palmo del terreno de juego, e intentará aprovechar las oportunidades que genere por los costados. Así lo hizo en Querétaro, y así tratará -cada vez con mejor idea- en el resto del torneo.
Aprovechando las limitaciones del rival, los pupilos de Larcamón fueron contundentes en la primera mitad, y eso les valió para a la postre obtener el triunfo. El actual Querétaro -y esto lo digo con mucho respeto- es un equipo con un nivel de Liga de Expansión. Sus elementos muestran vergüenza deportiva y se esfuerzan, pero esta escuadra no da para mucho, ni en la cancha ni en el banquillo. Los leoneses entendieron eso, y el hacer lo estrictamente necesario les bastó para obtener los tres puntos.
En un partido tan ríspido, la contundencia mostrada por Dávila, Mena y Moreno es lo más digno de mencionar. La dupla Rodríguez-Romero cumplió en el medio campo, y en general, la zaga esmeralda tuvo un buen comportamiento.
Triunfos son amores, y en algunos casos, también tranquilidad. Los Verdes se trajeron la victoria, trabajarán la semana corta con mayor sosiego, y fijarán la mira en su próximo rival, el ex equipo de su entrenador.

