Edgardo Fabián Prátola y Adomaitis en 1997. Archivo.
Edgardo Fabián Prátola y Adomaitis en 1997. Archivo.

León.- Hoy es Viernes de Orgullo Esmeralda, un día perfecto para rememorar grandes jugadores en la historia del Club León.

Nunca nos cansaremos de hablar de un defensa como lo fue Edgardo Fabián Prátola.

El zaguero argentino llegó al seno esmeralda en 1996, bajó del avión muy ilusionado pues era su primera experiencia en el extranjero. De hecho, el León fue su único equipo fuera del futbol de su país.

Aunque era un auténtico pan de Dios, siempre amable en su trato y saludador, dentro de la cancha de transformaba en una verdadera fiera en la disputa de la pelota y en la defensa de su zona. Eso gustó a la afición leonesa que poco a poco se contagió de su entrega.

Nada suavecito, su ímpetu le provocó ver varias rojas, pero eso nunca le hizo bajarle rayitas a la fuerza con la que entraba en cada jugada.

Edgardo Fabián formó parte de aquel trabuco formado para el Invierno 97 en donde formó la zaga con Cadena, Turrubiates y Sigifredo, primordialmente. Solo jugó medio tiempo de aquella Final contra Cruz Azul por la roja que recibió de Archundia en el duelo de ida. Tampoco pudo celebrar el título.

La lucha y los deseos de no dejarse vencer que Prátola plasmó en la cancha, los llevó obligatoriamente a su vida cuando le informaron que padecía cáncer de colon.

Estando de regreso en el Estudiantes, su último partido se condimentó con especias inolvidables. Primero porque él pidió jugar y, segundo, por ser en contra del archirrival Gimnasia. 

Un mes después de ese partido, el 21 de abril de 2001, el “Ruso” informó públicamente su enfermedad y el mundo del Estudiantes de La Plata se cimbró. Su férreo defensa tenía que enfrentar el mayor de sus retos.

Por la mente del ‘Ruso’ se quedó la firme idea de regresar a las canchas, como jugador o como técnico pues le preocupaba mucho el bienestar económico de su familia.

El 22 de enero de 2002, dentro de la lucha que ya sostenía contra el cáncer, en un encuentro amistoso entre Estudiantes y Gimnasia, el delantero Mauricio Piersimone lo cargó en hombros y toda la afición lo bañó de aplausos y vítores. Prátola lloró al ver el cariño que le tenían y la admiración que le guardaban.

Por el espíritu de lucha ante la adversidad, Prátola se convirtió en un ejemplo de vida.

Leídas en su momento por su padre, Edgardo Fabián envió palabras escritas en un papel a sus compañeros: “El Ruso tiene fuerza para todos. Me sobra fuerza para todos. Tengan ánimo para salir adelante”.

Así como en el futbol, Prátola jugó sus últimos instantes de vida a tope. El último día que estuvo consciente le dijo a su esposa que cuando él sanara, la iba a llevar de vacaciones.

Perder no estaba en su pensamiento.

Edgardo Fabián Prátola falleció el 27 de abril de 2002, a un mes de llegar a los 33 años. La prensa argentina lo calificó de aguerrido, decidido, sólido, compañero, generoso, valiente y siempre ganador.

Yo agregaría: un ser de espíritu inquebrantable.

Recuerden amigos que hoy es Viernes de Orgullo Esmeralda.

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