No es echarle presión a Nicolás Larcamón que apenas tomará las riendas del León en esta semana, pero sí es hacerle saber que llega a un equipo presionado en varios sentidos.
Con la salida repentina de Renato Paiva a 15 días de iniciada la pretemporada, el tiempo se vuelve nuevamente en un factor importante, algo que pesó últimamente para que el cuadro esmeralda no llegara al arranque del torneo en un nivel de competencia idóneo.
O al menos, ese fue el escudo que usaron los dos anteriores técnicos: Nunca tuvieron tiempo.
Si bien imponer una idea futbolística lleva su proceso, este discurso no podrá ser utilizado como estandarte por el nuevo domador pues de solicitudes de tiempo ya se tienen muchas.
Sin el conocimiento aún de nuevos jugadores para el León de cara al siguiente torneo, muchos de los Esmeraldas tendrán que adaptarse a los nuevos gritos y exigencias de un cuarto director técnico en dos años, cuatro torneos en los que se ha salido con las garras vacías.
Dicen que la tercera es la vencida. Después de Holan y Paiva, con Larcamón la obligación a cumplir es más que evidente.
Para Holan, el trabajo era ganarse la confianza de un equipo que jugaba consciente de lo que tenía que hacer. Con Paiva, era perfilar una renovación en más sentidos. Con Larcamón, será gozar de una nueva época victoriosa.
Pero si algo ha tenido el actual plantel esmeralda, es una palpable resistencia al cambio. Aquí, la chamba importante para Larcamón: imponerse y limpiar.
Hoy en León se vuelve sumamente necesario que el domador sea el que maneje el látigo y no las fieras.
Se ha dicho bastante que Larcamón sabe hacer mucho con lo que le dan, refiriéndose a las limitaciones que pudiera haber en el plantel de jugadores.
Agreguemos entonces que la directiva le dé manga ancha para tomar decisiones y que esto quede a la vista de todos en el vestuario esmeralda. Larcamón debe mandar.
El DT argentino tendrá un mes exacto para presentar un nuevo rostro de la Fiera cuando debute en el Kraken mazatleco. En este lapso, tendrá que reflejar en buena medida cambios en la fisonomía de un equipo que aburrió por un año entero.
Para marzo y ya con 10 juegos oficiales hechos, la Fiera de Larcamón se presentará en una nueva Concachampions, otra herencia que recibirá y que buscará evitar que sea maldita, tal como lo ha sido. Y para el 30 de abril, el reto a cumplir será estar calificado a la Liguilla de la Liga Mx.
Se inicia una nueva era esmeralda. Hay suficientes razones para que Larcamón erija una Fiera diferente.
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